La Hipermodernidad

por John David Ebert

1.

Toda era nueva mundial debe ser precedida por un Evento de signifancia trascendental tal que cause un cambio tectónico, o una discontinuidad, en la arquitectura ontológica de una sociedad.

Por lo que la Segunda Guerra Mundial fue el Evento que separó la Modernidad de la Posmodernidad, dividiendo irrevocablemente una era mundial de la siguiente.

Todo aquello que consideramos “posmoderno” vino a ser después de ella: el eclecticismo en la arquitectura; la muerte del meta-relato (Lyotard); el surgimiento de las culturas minoritarias; la descolonización y la expresión en la academia de la Voz del Otro Cultural (Spivak), etc. etc.

Similarmente el Evento que separó la Modernidad propiamente tal-demarcándola, digamos, de la Ilustración- de todo lo que vino antes de ella fue la Revolución Francesa y las Guerras Napoleónicas posteriores, las cuales llevaron, una vez se disipado el polvo, a la Haussmanización de París: una remodelación estructural completa de bulevares, calles y la demolición de barrios viejos y desgastados que ya era consistente con la tendencia Revolucionaria hacia la Deconstrucción; es decir, el deshacerse de las antiguas grandes metanarrativas históricas (de ahí el advenimiento del sistema métrico, el intento de implementar un nuevo calendario mundial al deshacerse de meses y días nombrados después de antiguos dioses y diosas europeos entrelazados con escatologías cristianas).

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La Apoteosis de Homero – Dominique Ingres

La diferencia en los horizontes mundiales se ejemplifica comparando la pintura de Ingres de 1827 “La Apoteosis de Homero” con la de Manet de 1862 “Le Dejeuner sur l’Herbe”. Mientras que la pintura anterior apoteosifica la gran narrativa homérica de descendencia del mundo clásico de Occidente, la pintura de Manet desafía todos los intentos de tratar de encontrar una narrativa en ella.

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Le Dejeuner sur l’Herbe – Édouard Manet

Después de las reestructuraciones de Haussman, los pintores impresionistas franceses pusieron a París en el mapa como la capital, no solo del siglo XIX, para citar a Walter Benjamin, sino de todo el proyecto de la Modernidad hasta la Segunda Guerra Mundial (después de la cual el centro del mundo del arte cambia con el expresionismo abstracto a Nueva York, aunque París se convierte en la capital intelectual de la posmodernidad en la década de los 60).

Tales cambios Eventuales entre las edades del mundo se pueden encontrar a lo largo de la historia, ya que no son exclusivos de la Modernidad Occidental.

El siglo XVI a.C, por ejemplo, fue una era de demarcación horizontal con el advenimiento del carro de caballos de dos ruedas y el arco compuesto que, en Occidente, creó a los micénicos del Peloponeso, el Nivel VI de Troya (1700 a 1200 a.C) y la invasión de Hicsos a Egipto que fue gobernada por poco más de un siglo por pueblos semíticos de Palestina.

La dinastía de los Hicsos puso fin al Imperio Medio de Egipto y su expulsión de Egipto por los hermanos gemelos Ahmose y Kamose alrededor de 1530 a.C marcó la transición de Egipto a su fase imperial del Imperio Nuevo y la creación de su Imperio trans-palestino.

Otro Evento de este tipo tiene lugar alrededor del año 1200 a.C, lo que trae a su final la Edad del Bronce de los imperios de los carros con un colapso masivo de los sistemas señalado por la Guerra de Troya (finales de Troya VI, alrededor del año 1250 a.C) y la erupción desde el Mar Negro de los Pueblos del Mar que sistemáticamente desmantelan y destruyen el mundo micénico, el Imperio Hitita y casi todas las ciudades de Palestina.

Egipto apenas sobrevive intacto este período, pero a partir de ese momento sus días imperiales habían terminado.

Sin desviarnos demasiado, pero creo que es importante entender que tales eras del mundo no son nada nuevo y, de hecho, constituyen la ontología de la historia, que es catastrófica y discontinua.

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2.

Del mismo modo, el Gran Evento que significa el cambio decisivo de la Posmodernidad a la Hipermodernidad fue el 11 de septiembre de 2001.

Hasta entonces, como alguna vez señaló Baudrillard, los Eventos habían estado en huelga y aparentemente habían dejado de suceder, a medida que la globalización disolvía la historia en su final anticlimático.

Pero el 11 de septiembre fue el gran evento de Hicsos que significó la transición del poder político estadounidense desde las preocupaciones sobre lo que Carl Schmitt llamó su “Grossraum”, es decir, su dominio hemisférico transnacional, hacia la construcción de un Aparato de Seguridad Estatal Imperial, con un proletariado externo global que define un Exterior específico en la forma de esos bárbaros neo-hicsos conocidos como los mujaheideen y sus diversas ramas genealógicas (ISIL, ISIS, etc.).

internet-of-things-2Al menos, este es el Evento que marcó el cambio en el plano político, ya que en el plano tecnológico, el cambio se puede demarcar con mayor precisión en el año 1995, cuando la National Science Foundation entregó la Internet al público.

El impacto de Internet en todas las formas previas de medios es el equivalente en el plano tecnológico del Evento Hicsos del 11 de septiembre en el plano político.

Ya que Internet ahora procedió a proporcionar a la Hipermodernidad su Mundo Interior que, como señaló Peter Sloterdijk, había sido expresado arquitectónicamente en el Evento de 1851 del Crystal Palace en la Gran Exposición de Londres de ese año, precedido por el prólogo parisino del Arcadas de la década de 1830, que le dieron a la Modernidad su Mundo Interior: a saber, la de un centro comercial global.

Esto fue una especie de translucificación del espacio comercial, una apertura, por así decirlo, al liquidar sus paredes y volverlas transparentes al exterior.

Como señaló Walter Benjamin, surgieron los grandes almacenes parisinos, así como el concepto de tiendas minoristas conectadas por callejones laberínticos con cerramientos de hierro y vidrio.

(Mientras que el Crystal Palace simplemente encerró todo el espacio comercial en un gigantesco centro comercial lineal abierto con proveedores y comerciantes: el resultado final de esa fase de la Modernidad marcada por el descubrimiento y la conquista del Nuevo Mundo, y la expansión del imperialismo occidental a través el planeta, de donde los significantes de todo tipo y clase fueron arrancados de sus diversos contextos culturales y puestos en la circulación del capitalismo industrial).

Mientras que el espacio minorista de Mundo Interior de la posmodernidad fue el advenimiento en 1956 del centro comercial en Edina, Minnesota, el cual introdujo la innovación de desviar todos los espacios comerciales del centro de la ciudad y enfrentarlos, por así decirlo, con sus espaldas, mientras se encierra en un interior con aire acondicionado de dos niveles como una ciudad en miniatura.

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El centro comercial, con sus plantas falsas, fuentes estratégicamente colocadas y, sobre todo, sus escaleras electrificadas en forma de escaleras mecánicas se convirtieron en el Mundo Interior de la posmodernidad.

Y junto con ello, lo que Marc Auge denominó “el no lugar”, es decir, la erupción, durante la década de 1950 en Estados Unidos, del sistema interestatal de autopistas y sus diversos moteles, restaurantes de comida rápida y centros comerciales, todos los cuales tuvieron un efecto descentralizador en el pintoresco centro antiguo de la ciudad moderna tradicional.

Mientras las áreas del centro comenzaban a derrumbarse, la ciudad se exportaba al campo para que, como lo expresó McLuhan, el gran profeta de los medios posmodernos, “cada parada de camión con televisión y periódico se volvió tan cosmopolita como Nueva York o París.”

Pero entonces, la Hipermodernidad puso fin al centro comercial, que comenzó a disolverse y desaparecer durante la década de 2000, cuando Internet, a su vez, descentralizó el centro comercial exportándolo a la sala de estar: en efecto, el centro comercial se convirtió en un espacio individualizado, en lugar de una experiencia comunitaria.

Con Internet, el individuo nunca tuvo que salir de su casa para comprar, y así durante los 2000, las tiendas minoristas, los centros comerciales y sus medios conectados- librerías, tiendas de discos, revistas y periódicos- comenzaron a desaparecer al ser absorbidos por este nuevo Mundo Interior totalmente electrónico.

3.

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Mientras que los medios de comunicación de la posmodernidad eran todos analógicos- discos , cintas de cassette, fotografías, revistas, celuloide- los medios de la hipermodernidad son exclusivamente digitales. Con la satelización de la Exósfera, el teléfono analógico se transformó en el teléfono celular y más tarde en el teléfono inteligente, que conectó al individuo en el Mundo Interior desde cualquier lugar del planeta en el que se encontrase. No tenía que ir a ningún lado para ser incluido en el nuevo Mundo Interior hipermoderno. Y todas sus fotografías analógicas podían ser disueltas de sus superficies de nitrato y fundidas en el ciberespacio directamente desde su cerebro cuando su cámara se convirtió en un apéndice del nuevo Mundo Interior. Sus discos de vinilo se disolvieron y se licuaron, y sus películas de celuloide se transformaron en bytes que hicieron obsoleto al proyector de películas. Todos los medios analógicos fueron licuados, disueltos y alimentados a la nueva matriz.

seppala-phonesAhora el individuo se empoderó para convertirse en un nuevo tipo de entidad, ya que el Hipermodernismo creó al Hiperindividuo, un individuo nuevo y extraño que no se parece en nada a la idea occidental tradicional del Yo trascendente, porque este nuevo Yo está flotando, desencarnado, desmundado y descontextualizado de todos los horizontes del mundo. El Hiperindividuo no tiene conexión alguna con la historia, la comunidad o cualquier tipo de proyecto utópico e idealista. Todo eso es cosa del pasado. El Hiperindividuo es un mundo en sí mismo.

La Hipermodernidad derrama un desprecio líquido sobre todos los proyectos utópicos, ya que tales proyectos presuponen una narración histórica detrás de ellos. El individuo hipermoderno no tiene conexión con el pasado o el futuro, de hecho, ni siquiera tiene conexión con el momento anterior, ya que él / ella existe en un presente atemporal, sin espacio, ahistórico y modular.

La estructura del Tiempo en la Hipermodernidad es modular: se compone de una sucesión de momentos presentes, cada uno de los cuales está aislado y no tiene relación con ningún momento precedente ni con ningún momento futuro. La ontología del individuo es la de un hedonista amoral que logra la satisfacción sensorial en cada momento presente, el cual está desconectado de todos los demás. Como resultado, no hay ni valores ni visiones y, sobre todo, ninguna conexión del individuo con las formaciones sociales tradicionales. Se ha convertido en un nómada, solo, desconectado, modular y sin historia. (Por lo tanto, el advenimiento del Peligroso Solitario, un nuevo tipo antropológico de la Hipermodernidad).

Mientras que el Yo trascendental de la historia occidental era una entidad objetiva que en realidad estaba inmersa en un flujo histórico que lo conectaba en última instancia con los griegos, el individuo hipermoderno no tiene ninguna conexión con nada más que el resplandor luminoso del ciberespacio.

Ahora que él/ella se ha desconectado de todos los proyectos utópicos y de todo el sentido de comunidad- porque ya no hay espacios mundiales en los que pueda reunirse como parte de una u otra agrupación social- él/ella puede, dentro del Mundo Interior, gigantificarse a sí mismo al nivel de un ícono usando los nuevos medios que permiten que este proceso tenga lugar: como señalé en mi libro de 2011 The New Media Invasion, Jeff Bezos es Amazon, Mark Zuckerberg es Facebook, Larry Page y Sergey Brin son Google. En Facebook, el individuo hipermoderno se convierte en una presencia única en el ciberespacio, con su propio sitio web y sus propios videos; la tecnología ahora le permite gigantificar fuera de toda proporción en relación a cualquier escala lo que le conectaría con cualquier grupo o formación social en absoluto.

Por lo tanto, la aleccionadora verdad comienza a aparecer: el marxismo está muerto. La teoría crítica está muerta. El intelectual público está muerto. Pues todos estos fenómenos presuponen conexiones del individuo con formaciones sociales más grandes y más allá de sí mismo como una unidad modular aislada por la gratificación sensual del momento presente. La internet -con sus conexiones satelizadas a la exosfera- desenchufa y desmunda al individuo, poniéndolo en órbita alrededor del planeta.

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Asesino de Virginia Tech

De ahí que los grupos de protesta revolucionarios como los Weathermen de los años 70 o el grupo Baader-Meinhof en la República Democrática Alemana de los años 70 ahora dan paso al fenómeno del spree killer. Asesino relámpago, solitario y aislado, quien no apoya nada y representa a nadie. El spree killer, desconectado de todas las formaciones sociales, desea dejar una marca en el socius porque se siente de alguna manera excluído del proyecto más amplio de la Modernidad. La ironía es, sin embargo, que en realidad no hay nada de lo que esté excluido, ya que la hipermodernidad ha derretido todas las formaciones sociales coherentes. El individuo modular como isla mundial en sí mismo es el único yo ontológico que existe en la hipermodernidad.

 

4.

Bajo las condiciones de la hipermodernidad, ya no existe ningún mundo del arte per se, ya no hay ninguna Nueva York o París que funcione como un centro mundial cosmopolita del que el artista sea parte. El arte ahora simplemente existe dondequiera que haya un artista- diseminado al azar a través de los paisajes estriados de la superficie planetaria global- o es un criminal que, como Banksy, debe entrar en la ciudad, dejar su huella, como un spree killer- e irse rápido. Anselm Kiefer, con su taller de chatarra que funciona como horizonte mundial, aislado en La Ribaute, tipifica este nuevo estatus ontológico del artista como un solitario que crea su arte a partir de significantes desechados, tomados de las antiguas civilizaciones del pasado.

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¿Existe todavía siquiera algo así como la práctica del arte como una actividad distinta de, digamos, la ciencia? Los cadáveres anatómicos de plastilina de Gunther Hagens parecerían desafiar cualquier clara separación entre el arte y la ciencia. En estas nuevas y vagas ontologías, un artista como Anselm Kiefer comienza a asumir el estatus ontológico de un distribuidor en un depósito de chatarra.

Bajo las condiciones de la Hipermodernidad, no hay más Movimientos de Arte, solo artistas individuales que salpican el Claro ontológico abierto por este nuevo e incierto Mundo Interior global.

La Hipermodernidad es la Muerte del Arte. Pero quizás no del artista, que se las arregla para ganarse la vida como la recuperación de una figura de Robinson Crusoe arrastrada a la costa con un montón de significantes rotos provenientes de los mundos muertos que lo rodean.

5.

En el plano económico, la hipermodernidad se basa en la neoliberalización del planeta bajo Clinton en la década de los 90. Con los acuerdos de libre comercio, el Banco Mundial, el GATT y el TLCAN, la economía se envía a la órbita alrededor del planeta y se desvanece: todas las economías locales -como el agricultor de una aldea en México- simplemente desaparecen, y el resultado es el empoderamiento de las organizaciones criminales locales, como los carteles en México, o las mafias rusas, que se apresuran a llenar el vacío y tratar de suministrar el complemento faltante de la necesidad local. Por lo tanto, la transformación económica crea como efecto secundario sus propios proletarios internos y lo que el teórico alemán Heiner Muhlmann llama “culturas disruptivas”. Empoderar a la ecumene global significa un desempoderamiento de las estructuras de la comunidad local, generando a su vez contrarrecciones violentas.

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6.

Finalmente, en la Hipermodernidad ya no hay nada que lograr. El marxismo está muerto. El utopianismo está muerto. Los movimientos revolucionarios -a pesar de la Primavera Árabe- ya no existen. El idealismo es inexistente bajo tales condiciones, ya que la hipermodernidad bloquea al individuo en un presente modular que está desconectado de todos los presentes precedentes. Solo existe el Ahora. Todo lo que ha ocurrido hace más de 48 horas, simplemente deja de existir.

La civilización se ha convertido ahora en la suma total de su población: un planeta de individuos que logran gratificación instantánea, amorales, sin valor, sin motivación y sin visión. Todas las “esferas” exoesqueléticas, para usar el término de Peter Sloterdijk, han desaparecido y ahora solo hay “espuma” social, es decir, individuos que se codean con otras personas, cada una con sus propio regimenes semióticos privados que chocan entre sí. En la Modernidad, las civilizaciones chocaron entre sí con sus propios regímenes de signos; en la posmodernidad, los grupos terroristas como formaciones sociales se enfrentaron; pero en la Hipermodernidad cada individuo es un estado nación en sí mismo armado y equipado con su propio régimen de signos electrónicos para luchar contra otros trajes de luz en el ciberespacio.

Con la aniquilación de toda la distancia geográfica debido a las tecnologías de globalización, ahora no hay ningún lugar al que el individuo pueda ir. El Mundo Interior de la civilización ahora existe en una superficie luminosa delante de él. Además, no hay nada que lograr, ya que todos los proyectos utópicos han llegado a su fin con la liquidación de todas las formaciones sociales.

En la Hipermodernidad, demasiado nunca es suficiente, ya que es una sociedad de exceso, exceso y sobrecarga de significantes. Cualquiera puede volverse “famoso” por cualquier motivo, pero bajo las condiciones de una constante licuefacción electrónica, esa fama durará exactamente 48 horas. En una sociedad en la que todos pueden hacerse famosos, nadie es famoso en particular. Así, los tipos antropológicos estructurantes del orden mundial anterior de la posmodernidad simplemente se funden bajo el impacto de la arquitectura desplegada del ciberespacio planetario: las celebridades y los intelectuales públicos no pueden existir en tales condiciones porque las tecnologías digitales de la hipermodernidad permiten a cualquiera entrar en el Claro civilizatorio sin el menor esfuerzo. Por lo tanto, no hay disciplina que sea necesaria dominar porque todas esas condiciones se han licuado y fundido, para ser arrojadas al basurero junto con todos los demás paradigmas de civilización.

Pero: hay un Imperio que construir, y debes tener cuidado, en este nuevo Mundo Interior, de lo que haces y dices, ya que tú, como un habitante perpetuo y continuo de su interior, estás constantemente bajo vigilancia. No hay ningún lugar donde no estés. El Foro y el Ágora están en todas partes.

No necesitas ir a ellos, ya están donde estés.

eres la civilización.

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Entrada original http://cultural-discourse.com/on-hypermodernity/

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